Después de Wikileaks

Ya ha pasado tiempo desde que el fenómeno Wikileaks revolucionó a los medios y políticos de todo el mundo sacando a la luz sus acciones y conversaciones ¿privadas? Es un buen momento para hacer una pequeña reflexión de las repercusiones que el fenómeno del Cablegate y otras filtraciones de la organización de Julian Assange.

Desde el mundo del periodismo se ha visto a Wikileaks de muchas maneras: como una amenaza que iba a cavar con la profesión, como una nueva fuente de información, como un grupo de locos, etc. Después de hablar mucho sobre el tema creo que me quedo con la segunda visión. Wikileaks ha mostrado a la sociedad información de los gobiernos que no conocía, y que debería conocer. Pero Wikileaks no ha hecho periodismo, solo dar información no es hacer periodismo.

La mejor decisión que pudo tomar la organización de Julian Assange en noviembre de 2010 fue filtrar la ingente cantidad de cables o comunicaciones entre el Departamento de Estado estadounidense con sus embajadas por todo el mundo a un grupo de periódicos y no directamente dar acceso libre al material. Si no hubiese hecho esto seguramente estos documentos no habrían tenido la repercusión que consiguieron.

Los periódicos a los que les llegó toda la información, aunque muchas veces sean atacados por no ser neutrales, hicieron, mejor o peor, lo que debían hacer: periodismo. Estos diarios revisaron toda la información, la clasificaron, seleccionaron la más relevante y la publicaron contextualizándola.  Todo esto Wikileaks no lo hacía y es lo que diferencia a un periodista de una mera fuente de información. Los medios deben dar la información a la población pero aportándole una buena contextualización para que esta sea más entendible y no contenga solo los intereses de la fuente.

Además de esto, Wikileaks abrió los ojos a muchas personas que se dieron cuenta de la cantidad de cosas que ocultaban los gobiernos de los países solo buscando su propio beneficio. El cablegate no solo incluía los chismes entre las embajadas estadounidenses, por ejemplo qué opina el embajador del Rey Don Juan Carlos, sino también referencias a relaciones comerciales o gran cantidad de documentos de la guerra de Irak revelando abusos por parte de soldados estadounidenses o ataques a civiles.

Las repercusiones inmediatas a estas publicaciones ya las conocemos: condena por parte de los gobiernos que alzaron la voz por la seguridad nacional, aparición de denuncias contra Assange, bloqueo de la financiación de Wikileaks, etc. Pero las consecuencias a largo plazo nos llevan a pensar que, aunque lo parezca, el fenómeno Wikileaks aún no ha terminado. No me atrevería a decir si de la mano de la misma organización o de otras que surjan con el mismo objetivo de dar a conocer lo que la sociedad no sabe pero debería saber de sus gobiernos. Lo que si pido es que se haga contando con los periodistas porque, aunque muchas veces den información sesgada o poco neutral, son los que saben cómo seleccionar, dosificar y explicar mejor a la sociedad temas tan complejos como los que contenían los cablegate.

Alejandro Godoy (@GodoyWulffen)

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Acerca de politicriders

Blog de seis alumnos de la Facultad de Periodismo de la UCLM. Correo: politicriders@gmail.com
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